Lucía Vinuesa
Vinuesa, Lucía, Étienne Balibar lector de Baruch Spinoza: La teoría del conatus como potencia emancipadora. Las Torres de Lucca 13 (1), 2024: 21-30.
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Dentro del spinozismo francés, la lectura que ofrece Étienne Balibar se
destaca por su matiz fuertemente político y su contribución a una filosofía de
la política crítica del pensamiento filosófico político. Este artículo aborda
los textos que Balibar destina a la obra de Baruch Spinoza con el objetivo de
vislumbrar el modo en que el filósofo neerlandés abona a una teoría de la
política sobre las bases de una ontología transindividual, de la
democratización, del conatus emancipador, de la ambivalencia propia de las
masas y las formas de relación con el Estado.

Étienne Balibar fue un discípulo de Louis Althusser
que permaneció bajo la órbita del marxismo hasta la década de 1980, momento en
el que, sin abandonarlo del todo, y acompañado del pensamiento de Baruch
Spinoza, emprende una relectura del liberalismo político (Hewlet, 2010; Tosel,
2015). En ese momento, asistimos a un giro en su producción tras la
incorporación de nuevos problemas, como la pregunta por la autonomía de la
política, en el marco del Centre de
Recherche que motorizaron Nancy y Lacoue-Labarthe (1981, 1982), la cuestión
del sujeto, la Declaración de los derechos del Hombre y del ciudadano como
enunciado universal aún pertinente para pensar las formas de sujeción y de
ciudadanía, la política como transformación, el problema de las fronteras, la inmigración,
las razas, las clases, las figuras de ciudadanía supranacional, entre otras. En
este marco, la filosofía de Karl Marx y, a partir de él, la filosofía de Baruch
Spinoza son centrales en la medida en que son objeto de estudio de Balibar y, a
su vez, son la base en la que se apoya para pensar la política y desde la que
construyó su proyecto de refundación de una ontología política.
La producción de Balibar, específicamente como lector
de Spinoza, forma parte de los nuevos debates que nutren, en la filosofía
política, un nuevo Spinoza renaissance
(Tatián, 2011), a partir de la alianza entre el spinozismo y el marxismo
(Montag y Stolze, 1997)[1] y del resurgimiento del spinozismo francés a finales
de la década de 1960 (Vinciguerra, 2009). Esta nueva ola spinozista fue
sensible a las reflexiones políticas en los medios filosóficos parisinos que
siguieron a los acontecimientos de 1968, y estuvo próxima a los diferentes
movimientos radicales de izquierda. El spinozismo se convirtió así en una
formidable herramienta conceptual para la elaboración de una antropología
política inspirada en Marx. Es en el seno de esta matriz compartida, que
podemos calificar de marxista, en un sentido que se ha ido ampliando con el
tiempo, donde han podido desarrollarse spinozismos a veces muy diferentes. Esta
matriz permitió la elaboración de instrumentos teóricos para un trabajo crítico
sobre problemáticas contemporáneas, motivo por el cual designar como spinozista
a un pensamiento no refiere solo al estudio del filósofo holandés sino a un
ejercicio singular de la reflexión intelectual.
Ahora bien, en el contexto de la llamada crisis del
marxismo en el que surgen nuevos problemas políticos producto de la
globalización, se da un paso de la búsqueda de “Spinoza antes que Marx,” es
decir, a Spinoza como precursor de Marx que caracterizó al spinozismo de la
década de 1960, a “Spinoza luego de Marx.” Siguiendo a Vinciguerra (2009),
podemos afirmar que Balibar fue quien mejor supo situarse en este cambio de
perspectiva interrogando a Spinoza menos para encontrar en él un marxismo que
para pensar de nuevo los principios antropológicos y políticos de conceptos
como el de identidad y el de individuo, e introducir la noción de transindividual. En este marco, la
puesta en cuestión del carácter sustancial concedido típicamente a la noción de
individuo se presenta como el resultado de una atmósfera que cuestiona también
la esencia paradójica de la democracia.
Por otro lado, y en relación a lo descrito, podemos
pensar que Spinoza funciona en Balibar al modo de un “inconsciente teórico,”
como sugiere Pierre Macherey (1992) en relación al pensamiento contemporáneo.
Resulta interesante inscribir a Balibar en el arco con el que Mariana de Gainza
(2020) presenta la lectura spinozista de Marilena Chaui. Dentro de este arco
que reúne al spinozismo contemporáneo nos encontramos con lecturas en torno al
nombre de Spinoza, aquel que “condensa, obsesiona, acecha, condiciona; algo que
orienta las opciones intelectuales y compromisos prácticos, que otorga una
forma peculiar a inquietudes que son simultáneamente ético-políticas y
teóricas” (p. 9). Si quisiéramos distribuirlas dentro de este espectro, la
autora sugiere preguntarse en qué grado esa acechanza es asumida, o bien, cuál
es el tipo de relación que determinado pensamiento asume con el de Spinoza. Es
este modo el que resulta especialmente sugestivo para analizar el vínculo entre
Balibar y el spinozismo, aquel pensamiento “en Spinoza” en el que éste, antes
que un objeto al que se “dirige el pensamiento para examinarlo, constituye una
suerte de elemento especulativo, un terreno, suelo, o medio, en el cual se
piensa” (p. 10).
Ahora bien, entre las grandes lecturas contemporáneas
de Spinoza, como es la de Martial Gueroult, Gilles Deleuze, Pierre Macherey,
Antonio Negri, la propia Marilena Chaui, entre otros, la particularidad del
modo en que Balibar lee a Spinoza es que lo hace en una clave manifiestamente
política, aborda una obra filosófica clásica bajo la guía de la dimensión
política de la misma. Concibe el Tratado
Teológico-político como un manifiesto político, un libro militante, que
logra conciliar virtuosamente dos tesis tradicionalmente contrapuestas: la
libertad del individuo y la soberanía absoluta del Estado. Y del Tratado político Balibar destaca el modo
en que Spinoza asume el punto de vista de las masas o la multitud para definir
el carácter de un régimen político. Finalmente, la Ética se constituye en la fuente de una antropología política desde
la cual compone una ontología transindividual.
A su vez, el ejercicio de relectura de la obra de Spinoza tiene efectos en la
producción filosófica y política de Balibar, como ocurre con el concepto de la
igualibertad y la relación entre el ciudadano y el sujeto para pensar la
emancipación.
A lo largo de estas páginas, recuperamos las lecturas
que Balibar realizó de Spinoza con el objeto de vislumbrar el modo en que el
autor hace del pensamiento spinozista una crítica a la filosofía política para
re-pensar la emancipación, la relación entre la democracia, el Estado y las
masas, y resignificar, desde una perspectiva crítica y democrática radical,
categorías que en la teoría política suelen asociarse al ideario liberal. Para
ello, nos valdremos de dos vías principales. La primera de ellas es el análisis
de la noción de conatus que remite a
la esencia del ser y a la pregunta de qué es el hombre. Las proposiciones clave
que definen al conatus las
encontramos en la Ética III. Desde
las primeras proposiciones comprendemos que todos los aspectos de la vida afectiva
reenvían, en última instancia, a una potencia fundamental de existir y de
actuar, designada bajo el término de conatus,
que corresponde a una verdadera fuerza natural y vital, a partir de la cual
todas las cosas, no solamente los hombres, así como todos los comportamientos
ligados a esas cosas, encuentran su razón de ser. Esta potencia constituye la
fuente de la cual emanan todos los afectos, que al mismo tiempo los realiza en
modos variados (Macherey, 1995, p. 71). El hombre es, entonces, esencia actuante
determinado por otras causas eficientes y participa de la potencia universal de
la naturaleza. Desde el punto de vista del conatus
spinozista, como veremos en mayor detalle en las páginas que siguen, estamos en
las antípodas de un pensamiento del hombre como individuo racional o mónada. La
segunda vía es el término político de lo transindividual,
que Balibar recupera de Gilbert Simondon (2011), para pensar desde Spinoza las
formas de individuación a partir de los modos de relación. Así, Balibar nos
sitúa, junto a Spinoza, en una ontología naturalista, de la relación y de la
comunicación.
Como veremos a lo largo de los apartados siguientes,
la puesta en cuestión del individualismo a partir de una teoría del conatus y el carácter aporético de las
masas nos permiten concluir en una filosofía transindividual y en una democracia como tendencia antes que como
régimen. En pocas palabras, podemos decir que parte de la re-lectura
balibariana del liberalismo político lejos de restringirse a cuestionar al
individualismo como punto de partida y de llegada, nos permite pensar la
dialéctica sujeto-ciudadano, desde una ontología de la transindividualidad, y del devenir
necesario para comprender por qué se entiende la emancipación como
resultado de una ciudadanía trabajada desde un conatus emancipador y es este recorrido el que quisiéramos reflejar
en las páginas que siguen.